La herencia otomana y el cañón del Neretva
El puente que une dos mundos
Escondida en el escarpado cañón excavado por las frías aguas de color esmeralda del río Neretva, Mostar es uno de los rincones con más magia de los Balcanes. Su alma y símbolo indiscutible es el Stari Most, el Puente Viejo de piedra caliza erigido en 1566 por orden de Solimán el Magnífico. Su espectacular e inverosímil arco de piedra, destruido durante el conflicto de 1993 y meticulosamente reconstruido piedra por piedra en 2004 con técnicas otomanas originales, es un símbolo de reconciliación y Patrimonio de la Humanidad.
Recorrer Mostar es sumergirse en el bullicio alegre de su bazar medieval, el Kujundžiluk, donde el repiqueteo del cobre y los colores de las alfombras y las lámparas turcas te transportan a otra época. Cruzar la rampa escalonada del puente ofrece vistas colosales de las casas de piedra y la silueta del minarete de la Mezquita Koski Mehmed Pasha alzada sobre el cañón.
Pero el alma de Mostar también se vive en el frescor de sus patios interiores tradicionales de estilo otomano y en las terrazas junto al río, donde el café bosnio se sirve lentamente en bandejas de cobre. Abajo, en la playa de guijarros a orillas del Neretva, los viajeros se reúnen con la mirada en alto, esperando con emoción el tradicional salto al vacío de los valientes clavadistas locales desde los 24 metros del puente.
Estas 83 fotografías son una crónica de su luz, su piedra caliza y el discurrir esmeralda del Neretva.